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Nosotros los mexicanos

Para los que vivimos en una ciudad fronteriza, el cruzar hacia las ciudades de Estados Unidos, es una situación para unos eventual para otros de la vida diaria. Los puentes internacionales, la mayoría del tiempo, se encuentran abarrotados de automovilistas que desean ingresar al vecino país, ya sea para ir de compras o para volver después de haber estado del lado mexicano. Es menester antes de salir con rumbo al norte, revisar el canal de televisión de los puentes para estimar, a ojo de buen cubero, el tiempo que tomara llegar a nuestro destino.

Mientras los carriles de norte a sur, se mantienen libres y con circulación rápida, los carriles de sur a norte son de baja, bajísima velocidad, dado el cuello de botella formado por las garitas de revisión del CBP (Protección de Aduanas y Frontera, por sus siglas en ingles). Es aquí donde se presenta el fenómeno que atrae nuestra atención. La diferencia entre los automovilistas Norteamericanos y los mexicanos.

Puente Ignacio Zaragoza El día de ayer, hubo necesidad de cruzar hacia Brownsville, Texas, ciudad fronteriza con Matamoros Tamaulipas. Como todo buen fronterizo, desde temprana hora y cada 30 minutos, estuve revisando el canal de los puentes, hasta que considere que no había tanta fila y seria “rápido” el cruce. A las 2 de la tarde emprendí la aventura hacia esa ciudad por el puente Ignacio Zaragoza, también conocido como “Los Tomates”.

Este puente, para los que no lo conocen, cuenta con 4 carriles, dos de sur a norte y dos de norte a sur. De norte a sur, los carriles son indistintos, te encuentras autos, motos, bicicletas, tracto camiones y todo tipo de vehículos. En la vía de sur a norte, el carril derecho es para automóviles, mientras que el de la izquierda es exclusivo para tracto camiones, camiones de carga, comerciales, etc., según lo marca un letrero colocado por las autoridades estadounidenses, que también, marca la velocidad máxima permitida en 25 millas por hora. El pago en ese sentido, se realiza en una caseta de cobro ubicada aproximadamente a 1.6 km (1 milla) atrás de la garita, del lado mexicano. A pesar de que el letrero es muy claro, que no muy grande, se hace caso omiso de sus dos indicaciones. Primero, algunos automovilistas prácticamente despegan de la caseta de cobro, alcanzando velocidades de más de 80 km/hr (50 millas por hora), para llegar “antes”. Por obvias razones de tamaño, la fila destinada a los camiones siempre es más larga que la destinada a los automovilistas.

Al emparejarte con dicha fila, te encuentras entre las grandes maquinas todo tipo de autos particulares. Mini-compactos, semi-compactos, compactos, chicos, medianos y grandes, SUV’s, vagonetas y las llamadas pick up. Cabe mencionar, que desgraciadamente las dos situaciones anteriores, son llevadas a cabo por automóviles con matricula mexicana o por automóviles con matricula norteamericana pero tripulados por personas con una clara ascendencia latina. Difícilmente, por no decir nunca, se encontrara a un anglosajón cometiendo cualquiera de las dos infracciones.

Los que no gustamos de tener en sus espejos retrovisores la parrilla del cofre de un camión  y en su cristal  la matricula trasera de otro (los cuales, por cierto, hemos de ser vistos como una subespecie) al formarse en la línea destinada a automovilistas, notamos las desafortunadas diferencias entre las dos culturas.

El anglosajón que regresa a su país, llega, se detiene y se pone a leer su libro, o sus documentos, o escucha música, o habla por teléfono, o si viene con acompañantes se enfrascan en una platica, es decir, aprovecha de alguna manera el tiempo muerto. El mexicano por su lado, llega se detiene 3 metros antes del auto delantero por (y aquí adivinaran muchos fronterizos) si se descuida el de al lado, no “batallar para metérmele”. Se pasa TODO el tiempo observando las filas a ver cual avanza más rápido. Aprovecha la lentitud de arranque de los tracto camiones para cambiar de carril y meterse, en ocasiones de manera imprudente e idiota, delante de un carro de este tipo. Algunos choferes prefieren dejarlos pasar, aun cuando tengan mas tiempo esperando, que arriesgarse a no alcanzar a frenar por el peso y provocar un accidente, juicio que estos automovilistas no poseen.

Finalmente, una transformación asombrosa. Como por arte de magia, los mexicanos nos convertimos enPuente de los veteranos. Los tomates por el lado americano todo lo contrario a lo que somos. Mientras que en las calles de nuestro país somos temerarios, agresivos y egoístas,  en las calles de las ciudades estadounidenses, somos toda amabilidad, recordamos perfectamente los reglamentos de transito, nos desesperamos si no encontramos una señal de limite de velocidad, pintamos el amarillo de rojo en los semáforos, en fin, respetamos carriles, recordamos esa palanquita del lado izquierdo del volante de nuestro auto que acciona las luces direccionales, que  nunca utilizamos en nuestra ciudad, etc. Mostramos una manera de conducir, nuestro auto, de primer mundo.

Resulta increíble observar personas que a mitad de los puentes internacionales, donde termina la jurisdicción de los Estados Unidos, bota el cinturón de seguridad y respira como si hubiera estado amarrado o amordazado durante días. Y todavía más increíble es observar la transformación de los ciudadanos americanos con raíces mexicanas o los residentes legales, al ingresar a territorio nacional. Es bastante común ver automóviles con placas de Estados Unidos, estacionados en doble fila, pasarse semáforos en rojo, dar vuelta en “U”, circular en sentido contrario, etc. en las calles mexicanas, Motivados, yo supongo, por el poder del dólar americano.

En conclusión nosotros, los Mexicanos, cambiamos hasta el modito de andar por estar un día en Estados Unidos y todo porque sabemos que las leyes norteamericanas no las podemos evadir como hacemos con las mexicanas. El pago de hasta mil dólares por cuestión de multas para cualquier automovilista, mexicano o gringo, resulta oneroso e inútil. Si a esto le agregamos la posibilidad de la revocación de la visa otorgada para entrar a ese país o incluso la cárcel, hace que lo pensemos dos veces antes de comportarnos como lo hacemos acá, de este lado.

Dejemos de ser hipócritas. Comportémonos acá como lo hacemos allá. Si podemos! Hagamos que nuestros visitantes se sorprendan como lo hacemos nosotros cuando vamos a Estados Unidos, Alemania o Inglaterra. Eduquemos a nuestros hijos. La manera en que conducimos nuestros autos, es un reflejo de lo que somos en nuestra vida. Copiemos de estos países las cosas buenas, no solo las modas que ni siquiera van bien con nuestra cultura.

Empecemos el cambio por nosotros mismos.

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Publicado por en 30 agosto, 2011 en Comentarios Generales

 

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